Sesión Arquetípica #05 | LA PIEL

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Sesión Arquetípica #05 | LA PIEL. Parte del Taller Informal. 14012017

En el origen, brotamos desnudos en la tierra. El mismo medio que nos sustentaba producía, al mismo tiempo, cardos y espinas; el clima hería nuestro cuerpo, y nuestro cuerpo no era capaz de oponerse. Así, para poder seguir existiendo, comenzamos a entrelazar alrededor nuestro elementos naturales aparentemente frágiles, componiendo livianas texturas que ofreciesen la protección necesaria para ser y estar allí.

Entonces, nuestros mundos propios establecían continuidad con el contexto, al ocupar necesariamente lo que estaba a la mano, vibrando en sintonía con los ciclos naturales. Pero estos ropajes y habitáculos fueron tomando carácter independiente, y la textura se fue engrosando hasta hacerse espacial, deviniendo frontera que dibuja un territorio autónomo, ya no una membrana permeable, que dialoga con el entorno.

Desde entonces, comprendemos y gestionamos la totalidad a partir de sus fragmentos. Con técnica, transformamos los materiales que tenemos a la mano en piezas cada vez más complejas, y nuestra cultura las va cargando de sucesivas capas de significado. Tal como en las cuatro Sesiones Arquetípicas, el análisis de la realidad lo emprendemos preferentemente mediante la disección, descomponiendo lo continuo en fragmentos discretos, mensurables. La arquitectura, como campo de conocimientos que problematiza la construcción de un ambiente artificial, se vale de la geometría para ofrecer sus respuestas. Pero la geometría es insuficiente para satisfacer nuestras preguntas acerca de la forma.

Cuando nos sacude la intensidad de los elementos naturales, nos sumergimos en una sensación arcana, remota, ¿qué es? Parece un susurro que nos traslada a otro tiempo, a espacios no numerados. El carácter indómito del viento forma parte de ese rumor que no podemos acallar. Muchas veces observamos, seducidos, cómo un leve objeto es capaz de danzar junto al viento la canción del tiempo que pasa frente a nosotros. Cuando vemos esto, nos olvidamos de las partes y somos capaces de vislumbrar, fugazmente, el todo.

A este pequeño momento pertenece la piel dentro de los arquetipos: un recuerdo frágil donde somos capaces de percibir, en un instante, las partes armónicas siendo una sola entidad.

Olvidar las partes nos obliga a pensar en el todo. Situados en medio de una retícula de árboles, en un esquemático bosque artificial dibujado por manos humanas, escuchar la voluntad del entorno que nos rodea es lo que nos permite ser y estar con el lugar. Es allí donde aparece el viento, hablándonos, y dejamos que su soplido contra nuestro cuerpo nos moldee una nueva piel, que ha dejado de ser división entre interior y exterior, sino membrana continua. La voluntad de la naturaleza, atravesando el ambiente artificial, sopla y nos conforma una figura que, por un momento, podemos llamar hogar.