Sesión Arquetípica #01 | EL MURO

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Sesión Arquetípica #01 | EL MURO. Parte del Taller Informal. 30042016

Al establecernos en un territorio, surge la necesidad intrínseca de ordenar el espacio en relación a los límites naturales que conforman su paisaje. Los sinuosos bordes que describen los cerros o las aguas van transformándose en franjas espaciales que acogen nuestro diario ir y venir, en torno a las cuales buscamos abrigo u obtenemos los medios de subsistencia. Así, la actividad humana va modificando inevitablemente el territorio, dando cuenta de nuestros modos de habitar.

Talcahuano (Cielo Tronador en mapuzungún) fue desde tiempos ancestrales hogar de la gente de la costa, que vivía de la provisión del mar. Luego del traslado de Concepción al Valle de la Mocha, comienza a surgir como puerto al contar con dos bahías abrigadas y profundas. Sus características naturales ofrecieron un escenario ideal para una explotación económica intensiva que, desde la segunda mitad del siglo XIX, trocó las pequeñas caletas de pescadores en grandes bodegas, patios de vías para maniobras ferroviarias y extensas explanadas de estiba.

Hacia la década de 1940 la política de industrialización por sustitución de importaciones, impulsada por los gobiernos del Frente Popular en el marco de la reconstrucción post terremoto del 39, hizo de Talcahuano un punto focal con la llegada de la gran industria siderúrgica, petroquímica, cementera, y pesquera; esta última, concentrándose en la antigua Playa de los Reyes, en el sector Isla Rocuant.

La transformación del espacio a través de una infraestructura industrial que permitiera dominar la naturaleza, conllevó un profundo cambio en su percepción: ya no era la línea del horizonte la que diferenciaba tenuemente el mar y aquel cielo tronador; ahora, la verticalidad de las bodegas destinadas a almacenar los recursos marinos imponía un nuevo orden y límite a la vastedad antes avizorada.

De esta manera se dominó y contuvo a la naturaleza: se hizo retroceder al mar sin tregua. Sin embargo, la demanda por recuperar su espacio se mantuvo siempre latente, encontrando el momento propicio para recuperar lo arrebatado a través del tsumani que siguió al terremoto de 2010, avanzando sin remordimientos sobre las bodegas que en 1945 se habían instalado en la Isla Rocuant, arrasando con la planta conservera y harinera de la Pesquera Iquique Ltda.

De lo que quedó en pie, se mantienen hasta el día de hoy los muros, los que otrora sirvieron como hitos materiales del sometimiento de la naturaleza y la organización de su espacialidad a la voluntad humana, no son hoy más que vestigios y recordatorios de la agónica descomposición del tiempo y su memoria.